6 de Julio

6 de julio, 12 del mediodía, Plaza del Ayuntamiento de Pamplona, caos, locura descontrolada, desparrame de pasión, embriague emocional, orgasmo etílico-colectivo, …

Podría ser una mañana cualquiera, pero no lo es. Nos levantamos temprano para llegar a la Plaza Consistorial a una hora decente para que no nos pille la marabunta y tengamos tiempo de colocarnos bien, con el propósito firme sacar alguna instantánea decente, que nos ponga un poco!!!Decenas de personas ya están en la plaza, empezando a beber y a cantar, aún podemos circular de forma decente por esa misma plaza que en una hora empezará a hervir y en la que nuestro deambular se tornará estrepitosamente torpe.

Observamos a muchos grupos de jóvenes más que organizados para la fiesta, luciendo sofisticados chubasqueros que no hacen más que poner de manifiesto la tipología de riesgo que va a acontecer en las próximas horas. Podemos observar el contraste entre los medios tradicionales para apaciguar la sed, botas y botijos, con algunos dispositivos que no tiene nada que envidiar a los utilizados por los corredores del Tour de France!Las emociones empiezan a subir a medida que nos acercamos al mediodía.

Parece que la plaza se haga pequeña por momentos: ya hay en ella cientos, incluso miles de personas ambrientas de fiesta. El alcohol empieza a causar sus primeros estragos. Su sutil destilación por los poros corporales, generan una aparente embiraguez que bien seguro no pasaría desapercibida a un buen dispositivo aéreo de cuantificación etílica. Los efectos deshinbitorios del alcohol junto con el incremento de temperatura de la plaza, hace que algunos chicos y chicas se desprendan de muchos de sus atuendos. Vamos, que algunos y algunas enseñan sus atributos nobles, en medio del clamor y la exaltación popular!La lluvia roja producida por el desparrame continudado de calimotxo se ve sucedida de una extraña nieve de harina que acaba de arreglar nuestro semblante. Parecía que con apestar a vino y estar teñidos de rojo no era suficiente, nos faltaba ese complemento que hará que nuestra apariencia se torne más ridícula.

Nos reímos de la espuma para el pelo que nos pusimos después de ducharnos: esto sí que es fijación extra!!!Llegados a este punto, ya no es de extrañar que podamos ver pasar volando a algún joven despistado que ha sido manteado por sus amigos o a un guiri haciendo flexiones en el suelo apoyándose en un solo brazo. Inmensos chorros semilíquidos de diferentes colores nos invaden. No podemos esquivarlos, aunque lo pretendiéramos no sabríamos como salir indemnes.Estamos cerca de la hora deseada, nos cuesta mucho pasar entre la gente, ya no digo tirar alguna foto decente! Los artilugios protectores de nuestras cámaras dejan de hacer su efecto. Vamos a avanzando en busca de un buen cobijo y una buena posición para el momento de máximo éxtasis. Si llegamos al frente del ayuntamiento tendremos que buscar un ángulo que nos permita ver bien esa sábana de pañuelos rojos pidiendo que empiece la Fiesta.

Ya estamos allí…., oímos la llegada de las autoridades, al alcalde y concejales que salen al balcón del Ayuntamiento. La temperatura de la plaza en estos momentos ha subido más de 10 grados. El lanzador (encargado del disparo) se acerca al cohete, hay un rugido general ensordecedor: cantos, gritos, silbidos, palabrotas y, también, quejidos de algún que otro pisoteado. Con el estruendo apenas se puede oír el grito ritual: “¡Pamploneses, Viva San Fermín, Gora San Fermin!”. A partir de ese momento se desata una especie de ataque de locura colectiva, toda la ciudad da un vuelco en un instante: empieza el desmadre general y una borrachera colectiva que se extenderá hasta el mismo 14 de julio.

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